¿Quién es?

Ernst Nolte (1923) es un historiador alemán seguidor de Heidegger. Un tema recurrente en las obras de Nolte es el estudio comparativo del fascismo y el comunismo. En su obra “El Fascismo en su época”, publicado en 1963, argumentaba que el fascismo surgió como una forma de resistencia y de reacción contra la modernidad. Usando los métodos de la fenomenología, Nolte sometió los movimientos de Nazismo alemán, el Fascismo italiano y Action Française francés a un análisis comparativo. Llegó a la conclusión de que el fascismo era el «gran antimovimiento», pues era antiliberal, anticomunista, antisemita.Según Nolte, el fascismo era el rechazo a todo lo que el mundo moderno tenía que ofrecer y era esencialmente un fenómeno negativo. Sin embargo, en la década de 1970, Nolte adoptó la teoría totalitaria como un modo de explicar el comportamiento de la Alemania nazi y la Unión Soviética. Según Nolte, la Alemania nazi fue un «reflejo» de la Unión Soviética, y con la excepción del «detalle técnico» de las ejecuciones en masa por medio de cámara de gas, todo lo que los nazis hicieron, antes lo habían hecho los comunistas en Rusia.
Nolte es conocido por empezar la Historikerstreit (Disputa de los historiadores) de 1986-1987. El 6 de junio de 1986 Nolte publicó un artículo llamado Vergangenheit, die nicht vergehen will («El pasado que no quiere ser olvidado») en el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung.


¿Qué ha dicho sobre este tema?

(Extraído del artículo de Anibal Romero “El debate de los historiadores alemanes y el problema de la culpa”, 2002)

Fue Ernst Nolte quien detonó el llamado “debate de los historiadores” en Alemania en los años ochenta del siglo XX. Este debate colocó de nuevo en lugar prioritario el tema de la “culpa”.

Las obras históricas de Nolte tienen el mérito de haber roto el “tabú” por mucho tiempo predominante en Europa que obstaculizaba las comparaciones entre el comunismo y el nazismo.

Nolte parte de la caracterización del Liberalismo como un sistema contradictorio y abierto, que ha sido el semillero en el que germinaron las ideologías radicales del comunismo y el fascismo. La primera conduce a un extremo que Nolte denomina la “trascendencia” de la sociedad moderna, es decir, el proceso de abstracción universalista del individualismo democrático, que separa a los hombres de la naturaleza y de las tradiciones. Por otra parte, el fascismo es una especie de llamado a recuperar las raíces de lo propio y autóctono, una reacción contra la angustia que genera el “miedo a ser libres”, un impulso hacia lo local y un refugio sicológico frente a las presiones de la modernidad. Ahora bien, sostiene Nolte, el triunfo comunista de Lenin precedió al fascismo de Mussolini y al nacionalsocialismo, y esa victoria bolchevique y su impacto condicionaron lo que vino después. En tal sentido, el universalismo ideológico bolchevique desató el extremismo particularista nazi, y el proceso de exterminación de la burguesía en la Rusia soviética abrió las puertas al pánico social que como contrapartida suscitó el contraterror hitleriano.

Ahora bien, a pesar de que Nolte siempre ha indicado que su legítima intención se dirige a contribuir a que el debate sobre Hitler y el nazismo se ubique en un plano de ponderación y equilibrio, lo cierto es que sus puntos de vista se caracterizan por su naturaleza polémica y en extremo controversial. En especial, su tesis central, de acuerdo con la cual el nazismo fue en buena medida una reacción al bolchevismo, una respuesta ante una amenaza que a su vez imitaba aspectos fundamentales de lo que combatía, esta tesis —repito— tocaba nervios muy sensibles, pues no solamente erosionaba el mito del comunismo como algo antagónico al fascismo-nazismo, sino que en cierto modo atribuía al bolchevismo la culpa por la reacción que suscitó entre aquellos que no compartían el ideal marxista y repudiaban su concreción histórica en la URSS.

“Para el nacionalsocialismo, el bolchevismo fue motivo de temor y modelo a seguir al mismo tiempo…Un motivo de temor no es lo mismo que un espantajo. Un espantajo puede ser irreal, una mera ilusión; un motivo de temor, por el contrario, cuenta con un sólido fundamento en la realidad, aunque desde el principio encierra la tendencia a adoptar la forma extrema que asimismo es una de las principales características de toda ideología…”

Esta afirmación es crucial para entender a Nolte, pues en su opinión el anti-marxismo representaba el rasgo primordial de la ideología nacionalsocialista. El “racionalismo cientificista” del comunismo desató las fuerzas irracionales a las que apelaba el fascismo, un movimiento político no solamente hostil a la propuesta revolucionaria marxista, sino también al sistema parlamentario liberal democrático que durante buena parte del siglo XIX y la primera década del veinte había sido considerado el modelo “normal” de gobierno para una comunidad civilizada en la era industrial. El fascismo denunció este modelo como degenerado, débil, corrupto y sobre todo incapaz de afrontar con eficacia las tensiones que escindían al capitalismo democrático de ese tiempo. En síntesis, el fascismo proclamaba su voluntad y aptitud para combatir la amenaza marxista y a la vez superar los desafíos de la carcomida “civilización liberal”. En el caso del nacionalsocialismo esas metas se acompañaban de un explícito y militante antisemitismo, señalado por la inmensa mayoría de los estudiosos del fenómeno como un rasgo fundamental de la ideología nazi y de las motivaciones de Hitler, y sin embargo minimizado por Nolte.
Nolte se esfuerza por reducir el antisemitismo de Hitler a un elemento común a todos los movimientos fascistas, convirtiendo el odio a los judíos en una faceta más  del antibolchevismo nazi.

El nazismo siguió al bolchevismo hasta el nivel de los campos de la muerte masiva, admitiendo no obstante que los nazis alcanzaron un plano propio con el “proceso técnico de los gases” para envenenar a sus víctimas. Si bien, a su modo de ver las cosas, la naturaleza racial del Holocausto fue distinta de la exterminación por razones más bien socio-políticas ejecutada por los bolcheviques Ambos totalitarismos fueron no obstante comparables en cuestiones esenciales. En el plano de las ideas, el extremismo universalista del bolchevismo (la “revolución proletaria” en todos los países) provocó el extremismo de lo particular en el nazismo (el triunfo de la “raza aria”); en el plano práctico, el exterminio de la burguesía llevada a cabo por Lenin y los bolcheviques en nombre de la utopía marxista creó un pánico profundo en el lugar más vulnerable de Europa a la amenaza comunista —Alemania— y contribuyó decisivamente a la victoria nacionalsocialista.
Al igual que Stalin, Hitler tomó el rumbo de la industrialización, y pretendió vencer al “judío-bolchevismo” unificando a la humanidad bajo el dominio de la “raza germánica”. De allí que al final no quedasen razones para ganar la guerra, pues el nazismo traicionó su “lógica” original —una lógica que, presuntamente, y siempre según Nolte, tenía inicialmente un sentido de dirección diferente al de la “técnica”

Más sobre Nolte…

(Extraído de “Notas de Ernst Nolte”)

Ciertamente, el nacionalsocialismo no fue, en su esencia, más que una respuesta al bolchevismo soviético, dado que éste fue un movimiento con gran apoyo de la comunidad judía. De manera que el antisemitismo de Hitler tenía una base racional, que se encuentra “en la realidad fáctica del gran papel representado por cierta cantidad de personalidades de origen judío en el seno del movimiento socialista y comunista”. A este respecto, hay quien sostiene que el exterminio judío fue una reacción ante la inminente victoria de los aliados. Los judíos eran los creadores del bolchevismo y como tales, debían desaparecer. Por tanto, las políticas antijudías del régimen nazi deben considerarse como un producto de la guerra y no como un programa previamente elaborado.


Algunas consideraciones sobre Nolte

Nolte tiende en ocasiones a la exageración y eso debilita sus tesis.

1. Atribuír a los judíos el carácter de enemigos organizados de Hitler y los nazis, llegando a citar una declaración del dirigente hebreo Chaim Weisman, de septiembre de 1939, como “prueba” de esa supuesta actividad organizada a escala global. En esa ocasión, y en nombre del Congreso Judío Mundial, Weizman solicitó a los judíos del mundo entero luchar junto a la Gran Bretaña contra el nazismo. Nada a la vez tan justificado y de limitada relevancia práctica., en las condiciones de entonces, para el pueblo judío dentro y fuera de Alemania.

2. Establece una relación causal entre el Gulag soviético y Auschwitz. Hitler, dio diversas explicaciones de su deseo de exterminar a los judíos, pero en ninguna de ellas se refirió al miedo a los bolcheviques y sus métodos, y es bien conocido que el líder nazi pensaba —al menos hasta Stalingrado en 1942-3— que la Unión Soviética, precisamente porque se hallaba “gobernada por judíos”, estaba al borde del colapso interior.

3. Y en cuanto a la singularidad del Holocausto de los judíos, frente a los intentos de trivializarlo comparativamente, es indudable que los seres humanos hemos cometido numerosas atrocidades contra otros miembros de nuestra especie, pero carece de sentido pretender minimizar el horror de alguna o algunas de ellas mediante una comparación con otras casi tan terribles o igualmente horrendas. 



 Return to the Beginning

000webhost logo