¿Quién es?
Karl Theodor Jaspers (1883-1969), psiquiatra alemán y filósofo, tuvo una fuerte influencia en la teología, en la psiquiatría y en la filosofía modernas. Jaspers se graduó en la escuela de medicina en 1909, y comenzó a trabajar en el hospital psiquiátrico de Heidelberg A los 40 años, Jaspers regresó de la psicología a la filosofía, profundizando en temas que había desarrollado en sus trabajos psiquiátricos. Llegó a convertirse en un reconocido filósofo, tanto en Alemania como en el resto de Europa. En 1948 se mudó a la Universidad de Basilea en Suiza, donde mantuvo su puesto hasta su muerte. Durante la Segunda Guerra Mundial tuvo que dejar su puesto de profesor dado que su esposa era judía. Una vez terminada la guerra  en su obra La cuestión de la culpabilidad alemana examinó la culpabilidad de Alemania como un todo en las atrocidades cometidas por el Tercer Reich de Adolf Hitler.
¿Qué ha dicho sobre este tema?

(Extraído del artículo de Anibal Romero “El debate de los historiadores alemanes y el problema de la culpa”, 2002)

Pocos meses después del fin de la Segunda Guerra Mundial, Karl Jaspers publicó una obra de fundamental importancia para el debate sobre el tema de la “culpa” de Alemania —de los alemanes— con relación al régimen nazi y su desempeño: El problema de la culpa.

Jaspers consideraba que lo sucedido bajo el régimen nazi no podía atribuirse a una especie de destino o proceso histórico superior e inevitable, sino a una situación “cuyos resultados son determinados decisivamente por nuestra libertad individual sobre la base de lo auténticamente cognoscible, que siempre es algo particular”.

Lo decisivo es que no hay ninguna ley natural y ninguna ley de la historia que determine en su totalidad la marcha de las cosas. El futuro es una cuestión de la responsabilidad de las decisiones y actos de las personas y, en última instancia, de cada individuo. Todo depende del individuo”.

No era ni digno ni justo centrar de manera exclusiva la responsabilidad de las decisiones tomadas por el régimen nazi en sus jerarcas, ya que las dictaduras requieren también de la complicidad activa y pasiva de buena parte de la sociedad

El terror produjo el sorprendente fenómeno de que el pueblo alemán participara en los crímenes del Führer. Los sometidos se convirtieron en cómplices.

Jaspers sostuvo que en el caso de los jerarcas nazis podría hablarse de un mal “diabólico” o “absoluto”, en tanto que la ciudadanía alemana había caído en el “mal radical” (Ver el concepto kantiano del mal).

Para Jaspers, el concepto de “culpa” tiene cuatro connotaciones que deben ser diferenciadas: A) La “culpa criminal”, que consiste en acciones demostrables objetivamente que infringen leyes inequívocas. B) “Culpa política”, que se desprende de las acciones de los conductores políticos y ciudadanos de un Estado, cuyas consecuencias competen a cada individuo por el hecho de estar sujeto a la autoridad de ese Estado, pues cada persona es corresponsable de cómo sea gobernada. C) “Culpa moral”, que surge de mis acciones como individuo, pues nunca vale, sin más, el principio de “obediencia debida”: “Los crímenes son crímenes, aunque hayan sido ordenados (si bien hay siempre circunstancias atenuantes, dependiendo del grado de peligro, el chantaje y el terror)”. D) “Culpa metafísica”, que Jaspers define así:

“hay una solidaridad entre hombres como tales que hace a cada uno responsable de todo el agravio y de toda la injusticia del mundo, especialmente de los crímenes que suceden en su presencia o con su conocimiento. Si no hago lo que puedo para impedirlos soy también culpable. Si no arriesgo mi vida para impedir el asesinato de otros, sino que me quedo como si nada, me siento culpable de un modo que no es adecuadamente comprensible por la vía política y moral”

Es parte del destino de cada cual hallarse involucrado en las relaciones de poder en medio de las cuales cada persona existe, y ello forma parte de la inevitable culpa de todos, de la culpa que nos corresponde como seres humanos. Dejar de lado esas relaciones de poder y no contribuir a la lucha por el imperio del derecho y de la libertad constituye “una culpa política de primer orden y también una culpa moral”. La primera se convierte en culpa moral cuando el ejercicio del poder conduce a la destrucción del derecho, del ethos y de la “pureza” del propio pueblo. Jaspers insiste en que tiene sentido atribuir responsabilidad a todos los ciudadanos de un Estado por las consecuencias que se desprenden de las acciones de ese Estado. No obstante, semejante responsabilidad se encuentra limitada y no implica una inculpación moral y metafísica de los individuos. Por otro lado, sólo los individuos pueden ser castigados por los crímenes específicos:

“Es absurdo inculpar por un crimen a un pueblo entero. Sólo es criminal el individuo".

No puede haber “culpa colectiva” de un pueblo o de un grupo dentro de un pueblo exceptuando la responsabilidad política; no puede haber culpa criminal colectiva, ni moral ni metafísica.
Jaspers también distingue entre los que denomina “activos y pasivos”. Los actores políticos, ejecutores de órdenes y propagandistas del régimen, aunque no todos hayan sido criminales, tuvieron por su actividad una culpa determinable; pero además cada alemán fue culpable por no haber hecho nada, aunque la culpa de la pasividad es diferente:

“La impotencia disculpa; no se exige moralmente llegar hasta la muerte efectiva”.

Cada alemán sin excepción tuvo parte de responsabilidad política por el nazismo. En segundo lugar, Jaspers afirma que no todo alemán sino tan sólo “una muy pequeña minoría” debería ser castigada criminalmente por los desmanes nazis, “y otra minoría tiene que pagar por las actividades nacionalsocialistas”. En tercer lugar, cada alemán, aunque no siempre por los mismos motivos, debería llevar a cabo “un autoexamen por razones de orden moral”.

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