Giuseppe Tomasi de Lampedusa



La terraza de los Ponteleone

“Soy una persona que está muy sola. De mis dieciséis horas de vigilia cotidiana al menos diez las paso en soledad. Y no presumo de leer todo el tiempo. Me divierto construyendo teorías”

Giuseppe Maria Fabricio Salvatore Stefano Tomasi, Príncipe de Lampedusa, autor de esta obra maestra, exhibió todos los desajustes y dificultades terminales de la clase a la que pertenecía: la aristocracia.

No hizo prácticamente nada en toda su vida; sus contemporáneos lo consideraban tímido, letárgico y dominado sin remedio primero por su madre y, después, por su esposa.

Cuando Lampedusa era niño ya no quedaba entonces nada de su pasada fortuna más que una interminable lista de títulos de nobleza, un palacio en Palermo y otro en Santa Margarita de Belice donde pasaba los veranos y que inspiraría el esplendor de Donnafugata en su novela.

Lampedusa fue hijo único, se educó de una forma tan libre que sus padres no descubrieron que no sabía leer hasta que cumplió los ocho años. Después, pasó más de treinta años en su ciudad natal, Palermo, sumido en una rutina de lecturas y cafés, de la que no lo apartó siquiera la bomba que en 1943 pulverizó el palazzo Lampedusa en el centro de Palermo.

De su vieja casona en la vía Butera se le veía salir cada mañana temprano y apresurado ¿A dónde iba? A la pasticceria de Massimo, allí desayunaba, leía y observaba a la gente. Más tarde en el café Caflisch, asistía a la tertulia de amigos en la que acostumbraba a permanecer mudo, escuchando. Almorzaba tarde, siempre en la calle y permanecía hasta el anochecer en el café Mazzara, leyendo. Allí escribió el Gatopardo.


 Return to the Beginning

000webhost logo